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22
May

NO TOQUEN A NUESTRAS NIÑAS Y NIÑOS.

Escrito por MANUEL ZAGUIRRE on 22 May 2015.

Cuando se llega al aeropuerto internacional “El Dorado”, de Bogotá, en el trayecto desde la salida del avión al control de pasaportes –un largo trayecto- hay una sucesión, a ambos lados del enorme pasillo, de carteles anunciadores muy llamativos que van mostrando las diversas maravillas de Colombia. A través de imágines muy coloristas, estáticas o en movimiento, desfilan ante los ojos del recién llegado playas, cafetales, islas, montañas, paisajes urbanos, folclore, de un país realmente extraordinario y con una biodiversidad fuera de serie. Las imágenes se van sustentando en leyendas que intentan convencer al visitante de que toda la belleza y exotismo que inunda sus ojos es para él, es Colombia y está a su disposición; los mensajes son machacones en esta idea de hospitalidad y entrega de lo mejor al turista, de tal modo que le será muy difícil y triste la hora de irse y se resistirá a ello… Todo normal hasta ahí, en un país con un fuerte tirón turísitico como es evidente.

Al final de este recorrido encuentras un desenlace antitético con toda la hospitalidad y apertura a la que me referí. El mensaje de cierre viene a decir, “pero no se le ocurra ni tocar a nuestras niñas y a nuestros niños, porque entonces querrá no haber venido a Colombia y le costará salir de ella …” . E informa en grandes caracteres de las leyes en vigor que castigan severamente el abuso o explotación de niños y adolescentes.

El desenlace tan brusco, y amenazante, en lo referido a la defensa de la infancia, en contraste con la dulzura que te ofrecen todo lo demás, da idea de la envergadura del problema en todos los aspectos. Es evidente que la contundencia de la advertencia está pensada para turistas pedófilos, la expresión más repugnante y criminal del turismo a escala mundial, pero no sólo.

En honor a la verdad, el maltrato a la infancia y la adolescencia constituye una auténtica pandemia moral, social, económica, delictiva y humana sobre la Tierra, muy especialmente en los países del llamado tercer mundo a más eufemísticamente “en vías de desarrollo”. Hablando en plata, es en los países donde los niveles de desigualdad e injusticia social son más lacerantes, amplia mayoría en este mundo, donde la geografía del abuso y la explotación de menores encuentra su mejor caldo de cultivo: pobreza extrema, fractura social absoluta, necesidad familiar vital del ingreso procedente del menor, climas de guerra y violencia …

Siendo el sexual el más odioso delito contra la infancia, hay otros no menos graves: la explotacion del trabajo infantil, el secuestro y asesinato de niños para el tráfico criminal de órganos, el reclutamiento de niños y niñas y menores en general por las bandas guerreras, los tristemente famosos niños-soldado que tanto proliferan porque son incontables los focos de guerra y violencia salvajes sobre la Tierra.

Es loable el esfuerzo de instituciones en torno a Naciones Unidas, y de no pocos gobiernos y autoridades estatales supranacionales, para prever, combatir y erradicar esta lacra inhumana. Y es mucho lo que se ha avanzado. Pero no son suficientes los tratamientos paliativos. Sin abordar y resolver con lucidez y coraje, instituciones internacionales, gobiernos y sociedades enriquecidas, las causas de subdesarrollo impuesto, desigualdad inmoral y pobreza inhumana, en la mayoría de países del planeta, no erradicaremos esta maldición que pesa sobre casi 200 millones de niños y niñas inocentes.

Asímismo, es insustituible la acción decidida de la sociedad civil y de todo su tejido asociativo para resolver el problema, empezando por combatir y vencer la indiferencia cómplice con que es contemplado el problema en muchos sitios. Viene a cuento, por ello, esa frase del editorial del número 173 de DEMOCRACIA REAL, portavoz de la CGT colombiana, cuando dice: “nos preocupa más la lesión de James Rodriguez o el bajonazo deportivo de Falcao García, que el genocidio contra la niñez de nuestro país”.

Concluyendo en Colombia, donde empecé, quiero dedicar estas líneas a una niñita que conocí el pasado 30 de Abril en la iglesia de Las Nieves en Bogotá, en una misa dedicada al Trabajo y a los trabajadores. Estaba en el banco delante del mío con su mamá, una mujer joven, de aspecto humilde y belleza serena. No paraba de mirarme, sonreírme, enredar conmigo. Yo debía parecerle un marciano por mi aspecto a esa niñita morena, con el pelo y los ojos como la noche. Cuando el oficiante instó a que nos diéramos la paz, yo le tendí la mano a la nena. Qué debió parecerle aquel gesto que ya no paró de ir y venir a darme la mano, muy formal y riéndose, lo que quedó de misa … Me distraje un momento para saludar a algún conocido y cuando volví a mi banco la nenita y su mamá ya no estaban. Salí a la plaza y no pude ubicarlas en medio de aquel gentío… Me hubiera gustado darles un beso y unos euros, aunque dudo que la señora lo hubiera aceptado.

Por cierto, las farc, “fuerzas armadas revolucionarias de colombia”, una curiosa “guerrilla” con más de 60 años de vida (una guerrilla de verdad nace, lucha, muere o vence en un periodo breve de tiempo; con 60 años es otra cosa bien distinta), reclutan unos 3000 niños al año y los sumergen en la selva para“liberarlos manu militari”.

*ExSecretario General de la USO.

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